La Pinada: El barrio de la buena vida

Familia en la naturaleza

Nuestras ciudades y barrios, los espacios que habitamos son, demasiadas veces, lugares feroces, lugares de soledad, de desesperanza, de pobreza, de amargura, lugares donde la existencia humana es complicada. Lugares que nos agotan la vida, que nos hace vivir más rápido de que lo que quisiéramos, lugares donde los niños no juegan, donde las personas mayores se sienten desamparadas, lugares que nos hacen apáticos, desconfiados, descorteses e insolidarios.

Me pregunto si, después de habitar las ciudades durante miles de años, hemos aprendido algo. Y si hemos perdido la capacidad de indignarnos antes estas cosas porque formamos parte del paisaje que las produce.

Me pregunto también si hemos perdido la capacidad de soñar y de ver las cosas con claridad. Si reflexionamos suficientemente sobre cómo queremos vivir. Y pienso que no, que muchas veces nos dejamos llevar, que no somos lo suficientemente exigentes con nosotros mismos.

Dicen que las ciudades del futuro serán más verdes, saludables y justas. También se dice que las ciudades deben dar un giro hacia la sostenibilidad. Y estoy seguro de que hay muchos técnicos y políticos trabajando en ello. Pero pienso que bajo este término también se han hecho demasiadas cosas que a todos nos avergüenzan. Que se han construido barrios y urbanizaciones deshumanizadas, artificiosas y superficiales.

Por eso creo que lo necesitan las ciudades no es solo un giro hacia la sostenibilidad, es un giro hacia la realidad. Creo que a muchas personas no nos gustan demasiadas cosas de nuestras ciudades y barrios. Y me pregunto qué podemos hacer, como podemos contribuir a cambiar las cosas.

Por eso considero que el proyecto de La Pinada es, sobre todo, una invitación. Una invitación a que demos respuesta a esa voz que nos habla en voz baja y que nos interroga de vez en cuando: ¿quieres cambiar tu vida?

Sí, yo quiero. Y creo que La Pinada puede ser el lugar adecuado. Por eso me gustaría que La Pinada fuera del barrio de la Vida Buena. Así, en mayúsculas.

Un barrio donde poder ser lentamente feliz. Un barrio para respetar y ser respetado. Un barrio seguro para mis hijos y amable con mis mayores. Un barrio justo y culto. Un barrio donde poder amar y ser amado. Donde poder ser escuchado y donde poder ser comprendido. Donde ser más solidario y respetuoso con los demás y con el entorno. Un barrio donde poder pasar sosegadamente una vida digna.

Sé que la vida es una elección continua: amar u odiar, andar o correr, hablar o callar, mirar u observar, comer o ayunar, dar o recibir, esperar o marcharse, luchar o conformarse, …vivir o sobrevivir. Llega siempre un momento en que hay que elegir entre la contemplación o la acción. Elegir la acción no es el camino fácil porque supone, casi siempre, entrar en una realidad desconocida. Pero aquí tenemos la posibilidad de participar en la construcción de esa realidad.

Yo agradezco la oportunidad que se me ha dado de afrontar este reto y experimentar la emoción de realizar esta ambición frente a la calma apagada de la utopía. Las ciudades del futuro las construirán los hombres y las mujeres que tienen esperanza.

Si estas leyendo esto es que ya estas construyendo La Pinada. Y si participas de este sueño te invito a ser ambicioso, porque para volar como gallinas, de salto en salto, no merece la pena tener alas.

A veces me pregunto si se puede construir algo a base de sueños. El sueño de La Pinada me demuestra que sí, que es posible.

Yo concibo la Pinada como el barrio de la Vida Buena. Ese es mi sueño.

David Forés, Colaborador del barrio La Pinada

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